My year abroad – getting to know Madrid (In English & Spanish.)

Adèle White on her year abroad in Madrid, first in English, then in Spanish! Scroll down for Spanish.

It is such a cliche to say that your year abroad is the best year of your life but luckily, in my case, it turned out to be the truth, despite the pandemic. 

The more I got to know Madrid and fall in love with it, the more it surprised me that it is not a popular destination for Brits to visit. The city is small enough to cover in a weekend but not so small that you end up bored; it is clean, well connected, cheap (to move around, eat, drink and see attractions); and the weather is bright and crisp. At first, I was surprised by Spanish people as they aren’t possessed by the same need as British people to incessantly say ‘excuse me, sorry, sorry, can I just-’. In a way, this was a welcome change as I found myself more self-assured and not trying to sacrifice my schedule for others. I learnt this the hard way when I couldn’t get onto a full metro as I didn’t want to push on. After the third train arrived, I realised if I didn’t push, I wasn’t going to get to class on time.  

Speaking of time, in Spain, everything happens much later than here. In terms of socialising, it was natural to assume you would meet your friends for dinner at 9pm and go to a bar or club at midnight. There is less of a binge drinking culture in Spain compared to the UK; Spaniards drink to have some laughs and appreciate good wine and food.  

Instead of working, I chose to study for the year. I attended Universidad de Carlos III, where my classes were all in Spanish. However, I found that my most valuable Spanish practice happened when talking to Uber drivers, waiters, shop assistants, landlords, train guards, to name just a few. With these people you find yourself having informal, quick conversations which is definitely not the focus at uni in the UK or Spain, where more formal topics and language were prioritised. The beauty of this type of practice is that you will never see these people again! As the year went on, I relaxed slightly more in class, especially when I realised I no longer had to fixate on my professor’s face with total dedication just to understand what was happening. I learnt to skim through Spanish texts without having to dissect every word and could actually respond to questions on the spot in class without feeling too scared. Whilst classes did feel rather separated between native and international students, it did mean that the international students stuck together. We all looked out for one another if someone missed a class and we could compare notes to check we were along the right lines. Some of them turned out to be my closest friends.  

When COVID-19 struck Europe, I rushed home to the UK from Madrid on a random Tuesday in March. By Friday, Madrid had entered into a State of Alarm. It seems so incongruous that my last memory of my Madrilenian year was a stressful 4am Uber to the airport in the dark because it was such an ill-fitting end to a period of time that brought me so much light and joy with new people, new experiences, new culture and fun. 


Es un cliché decir que un año en el extranjero resulta ser el mejor año de tu vida, pero por suerte en mi caso, resultó ser la verdad, a pesar de la pandemia. 

Cuanto más conocí Madrid y me enamoré de la ciudad, más me sorprendió que no sea un destino popular para los británicos. La ciudad es lo suficientemente pequeña que se puede cubrirla en un fin de semana pero no demasiado pequeña que uno termine aburrido; es limpia, bien conectada, barata (para moverse, comer, beber y atracciones) y el tiempo es brillante y fresco. Al principio, me sorprendieron que los españoles no tienen la misma necesidad incesante que los británicos de decir “perdón, lo siento, lo siento, ¿puedo…?” En cierto modo, fue un cambio bienvenido, ya que me encontré más seguro de mí mismo y no intenté sacrificar mi horario por los demás. Aprendí a los golpes cuando no podía subir al metro lleno, ya que no quería empujar. Cuando llegó el tercer servicio, me di cuenta de que si no me esforzaba no llegaba a tiempo a la uni.  

En cuanto al tiempo, en España, todo ocurre mucho más tarde que en el RU, así que en términos de socialización, era natural asumir que te encontrarías con tus amigos para cenar a las 9 de la noche e ir a un bar o club a medianoche. Hay menos cultura de borrachera en España en comparación con el RU; los españoles beben para reírse un poco y apreciar el buen vino y la comida.  

En lugar de trabajar, elegí estudiar durante el año. Asistí a la Universidad de Carlos III, donde mis clases eran en todo español. Sin embargo, descubrí que hablar con conductores de Uber, camareros, dependientes, propietarios, guardias de tren, fue la manera de practicar más eficaz para mí. Con estas personas las conversaciones son informales y rápidas que no es el foco en la universidad en el RU o España, donde eran temas y lenguaje más formales. ¡La belleza de este tipo de práctica es que no volverás a ver a esta gente nunca más! A medida que pasaba el año, me relajé un poco más en clase y me di cuenta de que ya no tenía que fijarme en la cara de mi profesor con total dedicación sólo para entender lo que estaba pasando. Aprendí a leer por encima los textos en español sin tener que diseccionar cada palabra y podía responder a las preguntas en el momento en la clase sin tener demasiado miedo. Aunque en las clases había una separación clara entre los estudiantes nativos y los internacionales, eso significaba que los estudiantes internacionales se hacían amigos. Todos nos cuidábamos unos a otros si alguien faltaba a una clase o podíamos conferir notas para comprobar que hacíamos la misma cosa. Algunos de ellos resultaron ser mis amigos más cercanos.  

Cuando COVID-19 llegó a Europa, volví corriendo a Londres desde Madrid un martes de marzo. El viernes, Madrid había entrado en un estado de alarma. Parece tan inadecuado que mi último recuerdo del año madrileño fue un estresante viaje al aeropuerto a las 4 de la mañana en la oscuridad, porque fue un final tan poco apropiado para un período de tiempo que me trajo tanta luz and alegría con gente nueva, nuevas experiencias, nueva cultura y diversión. 

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